Que una empresa familiar integrada por nueve personas venda sus productos a más de 35 países es todo un logro. Pero que, además, tengan la patente de una invención los pone dentro de un selecto grupo al cual pocos llegan. La Elicina, un extracto de caracol con propiedades regenerativas para la piel humana, fue producto de la investigación e, inicialmente, de la observación cotidiana. A comienzos de los 80, los miembros de la familia Bascuñán criaban caracoles para exportarlos como alimento, hasta que descubrieron que el contacto con estos gasterópodos tenía otros beneficios.
“Fue en el transcurso de ese tiempo que mi señora se dio cuenta que el contacto diario de sus manos con los caracoles le dejaba la piel extremadamente suave, y que las pequeñas heridas o rasguños que se hacía al manipular las jaulas con mallas y clavos donde los teníamos, lejos de infectarse, sanaban muy rápidamente”, recuerda Fernando Bascuñán, de 67 años, jefe de esta emprendedora familia.
La investigación realizada les permitió descubrir que los usos terapéuticos y cosméticos de la baba de caracol se remontaban a la antigua Grecia. Y que también eran un secreto a voces en el campo chileno, pero que no había estudios científicos que sistematizaran estos conocimientos.
Tras la patente vino el permiso sanitario y la alianza con el laboratorio LACOFAR, el mismo que actualmente elabora Elicina. El producto hoy está en todas las cadenas de farmacias importantes del país y también en pequeñas cadenas y en tiendas naturistas. Se distribuye de Arica a Punta Arenas y en los mercados internacionales. “Así hemos pasado de esas primeras dos mil cremas iniciales a producir entre 40 y 45 mil al mes”.
Bascuñán recuerda que en 2000 la Corporación de Ayuda al Niño Quemado, COANIQUEM, “firmó un convenio con nosotros para ver qué efectos tenía nuestra crema en los niños quemados. Y fue bastante bueno. Casi un 75% de efectividad en los casos tratados, especialmente en los implantes, que cambiaban la pigmentación dejándolos lo más parecido a la piel normal y dándole elasticidad”. No son los únicos beneficiados. “Siempre hay una persona que escribe para decirnos que le cambió la vida, que pueden salir a la calle sin vergüenza o que se evitaron una operación; eso es muy reconfortante”.
Bascuñán asegura que “esto es una obra de la familia, donde hacemos un engranaje. Yo soy el aspecto visible, el responsable legal, pero mi familia está detrás, haciendo andar las otras labores. Para armar publicidad estamos todos, todos opinamos. Somos un equipo, no hay gerente general ni comercial…somos una familia”.
