La securitización forestal ha tenido una buena acogida en sus dos grandes bases de apoyo: ha fomentado la forestación del país y ha hecho de esta actividad un atractivo instrumento de inversión. Según explica Michelle Golodetz -Economista, 55 años, Gerente General de Sociedad Inversora Forestal S.A- “es una estructura que tiene como finalidad incentivar la forestación en predios de medianos y pequeños propietarios y generar una nueva alternativa de financiamiento para el sector forestal en Chile”.
La iniciativa fue desarrollada por una filial de Fundación Chile, la empresa Sociedad Inversora Forestal (SIF), cuyas plantaciones son administradas por Forestal Mininco y Masisa. Se vincula así el financiamiento con una de las actividades productivas líderes en la economía chilena.
El bono de securitización forestal constituye una innovación financiera pionera a nivel Latinoamericano. El instrumento de renta fija, adquirido por inversionistas del mercado de capitales, está respaldado con usufructos en la VII y VIII Región sobre las 4 mil 600 hectáreas de bosques jóvenes de Pino radiata y 3 mil 100 hectáreas de terrenos plantados por SIF con Eucalyptus y Pino radiata.
Michelle Golodetz destaca que “el bono forestal ha sido la primera vez en que un bono tiene el respaldo de los contratos de usufructo de bosques en pie y terrenos por forestar de varios propietarios, de tamaños mediano y pequeño, y que permite un pago anual y de parte de la cosecha a los dueños de la tierra”. Otra consecuencia positiva es que además se ha expandido la cantidad de instrumentos financieros en el mercado de capitales.
La idea surge desde la Fundación Chile hacia finales de la década pasada, impulsada por Eduardo Bitrán, hoy ministro de Obras Públicas y entonces gerente general de la Fundación. La intención era fomentar la forestación en Chile durante una época en que la tasa de forestación se mantenía en niveles bajos. El escenario se componía de superficies aptas para forestar, en manos de pequeños y medianos propietarios, quienes tenían escasas alternativas económicas. Por tanto, una buena estructura financiera se presentaba como una innovación al mercado de capitales en Chile y como promoción al desarrollo de otros instrumentos de financiamiento.
Desde 2002, muchas empresas han replicado esta modalidad de contrato, permitiendo al propietario tener un ingreso durante la larga etapa de rotación. Como sintetiza Michelle Golodetz, “la innovación ha ayudado a atraer más recursos al sector forestal en Chile”.
