Los aportes al mundo científico del biólogo Francisco Varela (1946-2001) ampliaron las fronteras a las cuales puede llegar la ciencia. Su trabajo va desde el concepto de autopoiésis -desarrollado con Humberto Maturana a partir de los años 60 y 70- a las investigaciones en neurociencias sobre la conciencia humana. Varela definió a las ciencias cognitivas como “el análisis científico moderno del conocimiento en todas sus dimensiones”. También buscó acercar miradas entre el pensamiento científico occidental y el budismo, organizando encuentros entre investigadores de distintas disciplinas con el Dalai Lama. Desde sus cátedras en París, Varela no fue sólo un influyente académico, investigador y autor de alrededor de 200 artículos y 15 libros; fue, durante toda su vida, un permanente innovador.
También buscó acercar miradas entre el pensamiento científico occidental y el budismo, organizando encuentros entre investigadores de distintas disciplinas con el Dalai Lama. Desde sus cátedras en París, Varela no fue sólo un influyente académico, investigador y autor de alrededor de 200 artículos y 15 libros; fue, durante toda su vida, un permanente innovador.
Los orígenes de su mirada sobre las ciencias del conocimiento aparecen ya en las investigaciones sobre autopoiésis, que define a los organismos vivos como sistemas autónomos que se producen a sí mismos. Varela se introduce más tarde en una de las áreas más complejas del campo científico, como lo es el estudio de la conciencia humana. Aunque tradicionalmente había sido un área de la filosofía, comienza a abordarla e investigarla con herramientas científicas. En sus últimos trabajos Varela desarrolla el problema de la conciencia perceptual y los mecanismos cerebrales subyacentes, el estudio de la experiencia vivida, de la subjetividad misma, qué nos hace ser concientes de tal o cual experiencia.
Sin abandonar sus investigaciones en neurociencias, en 1987 estableció un vínculo -“un puente para dos miradas”, decía él- entre el pensamiento científico de tradición occidental y el pensamiento budista, buscando contrastar perspectivas y descubrir espacios en común. Y es durante este proceso cuando Varela consolida fuertes lazos con el Dalai Lama. Sus conocimientos de ambas culturas y métodos -como budista practicante que era- lo ubicaron en un lugar privilegiado para hacer esta conexión. No sólo fue una nueva innovación en su extenso y profundo pensamiento, sino también un enorme desafío a la mirada científica tradicional. Fue la tónica de todo su trabajo: buscar siempre una nueva manera de ver las cosas.
Como dijo el propio Varela en una de sus últimas entrevistas, "las técnicas por sí solas no hacen nada, las técnicas tienen que ser orientadas por buenas preguntas". Falleció en París en 2001. Discípulos chilenos y extranjeros formados en sus cátedras intentan continuar y ampliar su trabajo.
