La expresión aymara Marka Sawuri significa “Pueblo de Tejedoras”. Es una iniciativa que rescata las tradiciones ancestrales de tejidos, hilados y teñidos de una de las etnias que viven en el norte de Chile, vendiendo sus productos a mercados europeos. Es también un proyecto comunitario, apoyado por el Servicio de Cooperación Técnica, SERCOTEC, que integra a mujeres indígenas. Como explica Silveria Mamani, tejedora aymara de 42 años, “Ésta es una tradición étnica, de mis abuelos, mis bisabuelos. Porque nosotras no queremos perder a los antepasados, lo que nos enseñaron. A nosotras nos criaron así. Mientras tejemos, cantamos, bailamos... A veces nos preguntan: ´¿Y por qué tan caro?´ Pero la gente no entiende, porque en cada prenda se va un pedazo de nosotras”.
Esta idea empresarial nació en 2002, cuando pidieron la ayuda a SERCOTEC. “Nos apoyó harto y hacíamos reuniones para que habláramos de nuestros sueños, de qué queríamos hacer, qué queríamos para nuestra artesanía. Le dijimos que nosotras queríamos vender, pero sobre todo para afuera. Que queríamos proyección, queríamos salir al extranjero”, recuerda Silveria Mamani, presidenta de la empresa. “Nos ayudaron a empezar y nos enseñaron cosas”.
Al comienzo eran cinco grupos de mujeres tejedoras. Sin conocimientos previos sobre gestión y sobre los mercados internacionales, pero con una gran sabiduría sobre procesos y productos, han podido abrirse espacios en Chile y en el exterior.
Hoy son casi cuarenta tejedoras las que componen la empresa. Sus productos, que incluyen chalecos, chaquetas, polleras, ruanas, bufandas y alfombras, llegan a países como Holanda y Suecia. Desde el 2005 son la primera sociedad anónima chilena formada por mujeres indígenas, lo que enfatiza la idea de trabajo colectivo y femenino. Un recorrido logrado sobre la base de esfuerzo y dedicación.
