Empezó como una conversación entre amigos y terminó como una cuyos componentes fueron aprobados para el consumo humano por la exigente FDA (Food and Drug Administration, Administración de Alimentos y Drogas). Lucien Biotechnologies desarrolló una plataforma que permite modular la biosíntesis de ciertos compuestos que se desarrollan en forma natural dentro de la fruta, los cuales tienen una doble funcionalidad. Por una parte mejoran la salud de quienes la consumen y, por otra, ayudan a mejorar la apariencia de la fruta. Así se obtienen, por ejemplo, manzanas más nutritivas y con colores más intensos y atractivos.
Detrás de esta innovación se encuentran Andrés Leschot, de 32 años, bioquímico de la Universidad Católica; Álvaro Olivera, de 33 años, ingeniero civil químico y PhD de la Universidad de Chile, y Felipe Camposano, de 28 años, Ms. Ingeniero civil industrial de la Pontificia Universidad Católica.
A fines de 2000, Andrés preparó una especie de “bronceador” para evitar que las manzanas del campo de la familia de su amigo Felipe, en Curicó, se viesen afectadas por los golpes de calor que suelen dañar la fruta. “Y resulta que antes de que fuera la cosecha Felipe me llama y me dice: ´Oye, Andrés, tú me dijiste que lo que habías formulado servía para proteger a la fruta contra los golpes de sol, pero ¿por qué tiene más color?´. Y yo, la verdad, no tenía idea. Así que ahí nos pusimos a investigar durante un año”. Fue entonces cuando recurrieron a los conocimientos de su amigo Álvaro, quien estaba haciendo su doctorado.
Las conclusiones, recuerda Andrés, los sorprendieron: “Yo no le estaba poniendo un bronceador a la fruta. Lo que estaba haciendo era darle una señal bioquímica a la planta para que ella produjera más color y, además, se defendiera del golpe de sol por la radiación solar. Entonces lo que hicimos fue que la planta se defendiera normalmente, pero de mejor forma contra las agresiones del medio ambiente. O sea, lo que hicimos fue aumentar la concentración de flavonoides que tenía la fruta. Los flavonoides son los responsables del color de la fruta y de su mayor protección del sol”.
Andrés y sus colegas enfatizan que ellos no usan tecnología recombinante (transgénicos). Se basan en “sustancias naturales que se extraen de las mismas plantas. Lo que hacemos es incluir estas sustancias en unas formulaciones para poder rociarlas sobre la fruta y los árboles”. Calculan que dentro de dos años serán capaces de producirlas a gran escala, a un valor interesante para la gran industria de la fruta.
